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9 de Mayo de 1997:

El sueño se termina, estamos en la banda rocosa característica de la cara oeste del Cho-Oyu, por donde discurre la ruta normal (Tichy 1954), a una altura de 7.700m, por encima del C3 (7.500m), el viento es fortísimo y nos encontramos literalmente helados, viendo la hora que es y lo que nos queda, nos ronda cada vez más insistentemente la idea de renunciar, una decisión que se hace muy difícil tomar, pero estamos dentro de la “zona de la muerte” y cada uno de nosotros vamos eliminando de nuestra mente los esfuerzos y dificultades que hemos tenido que pasar para hacer realidad un maravilloso sueño, estar a los pies de una de las montañas mas altas de la tierra, e intentar con todo nuestro empeño pisar su punto más alto. La decisión esta tomada, y poco a poco vamos dándole la espalda a lo que hasta este momento nos hacía mirar hacia delante. Nuestra decisión sería lo más acertado de toda la expedición, el mismo día, unos amigos alaveses, por hacerle caso al corazón en vez de a la razón, sufrirían las graves consecuencias de un vivac cerca de los 8.000m, amputaciones graves en dedos de pies y manos, fue el precio que pagaron por la cumbre.

Fue mi primera expedición al mundo de los “ochomiles”, y de ella aprendí muchas cosas, que me apasionan las sensaciones que se viven a partir de 7.500m, y la lección más importante en estas montañas, si pierdes el control, lo pagas muy caro...

Abril-Mayo de 2002:

Montado en un jeep de la Asociación China de Montaña, o de quien quiera que fuese, por que la verdad es que una vez que pasas la frontera de Nepal con China dejas de entender la mayor parte de las cosas, por una polvorienta pista de la altiplanicie tibetana, vuelvo a tener a la vista la montaña que haría cambiar el rumbo de mi vida, es mi quinta expedición a un “ochomil”, y la primera vez que repito montaña. Pero la historia es muy diferente. En la montaña la experiencia es la mejor compañera, personalmente llevaba suficiente, y un planteamiento muy distinto a la primera vez. Volvía con Luis (Agüero) que en el 97 quedó saturado de viento, frío y calamidades (al año siguiente se fue a la “roca caliente” del Capitán, a surcar la línea invisible que forma “The Nose”. Yo volví a un “ochomil”) también queríamos intentar el encadenamiento de Cho-Oyu y Shisha Pangma. Pero sobre todo queríamos vivir una experiencia totalmente distinta a la que vivimos cinco años atrás. Luís confiaba en mi experiencia, acumulada en mis anteriores expediciones, para hacer el Cho-Oyu de la manera más rápida posible y desde luego intentar la cumbre desde el C2 (7.000m), así evitábamos desgastarnos en el montaje del C3, del cual teníamos muy mal recuerdo. Pensábamos que físicamente podíamos afrontar esos 1.200m de desnivel el día de cumbre, como así fue.

También teníamos el aliciente de poder compartir una aventura así con amigos del GREIM de la Guardia Civil, Salva,” Legi”, y todos los demás.

Fuimos con el tiempo muy justo, poco más de un mes, asi que en cuanto estuvimos instalados en el Campo Base (5.600m), es el CB más alto de todos los “ochomiles”, comenzamos a portear material hasta el C1 (6.400m). Este trayecto es muy agradable porque se puede realizar con calzado ligero, pero tiene la dureza del gran desnivel que se supera y sobre todo la parte final, una fuerte pendiente formada por pedrera suelta, que hace muy pesada la progresión.

Nos encontramos bien y el primer día que subimos, pasamos la noche a esa altura, en el C1. Hace dos días que llegamos al CB, o sea que con haber dormido una noche en el C1 nos sentimos satisfechos, y descendemos al lugar “confortable” que es el CB. Seguimos haciendo porteos (no tenemos sherpas), llevamos material para el C1 y parte del equipo que vamos a emplear en montar el C2. En total subimos tres días con sus respectivas noches al C1.

La tercera mañana que amanecimos en el C1, preparamos las mochilas, siempre mas pesadas de lo que nos gustaría, y hacemos el recorrido que hay entre C1 y C2, con una de las dificultades técnicas de la ruta, el serac que hay que superar a la altura de 6.700m, un muro de unos 25m prácticamente vertical, que se hace más duro de lo normal por las pesadas mochilas que llevamos. Sin más contratiempos llegamos al pequeño plató donde se instala el C2.

Descargamos nuestra carga, montamos la tienda que va a servirnos de C2, y sin más, comenzamos el descenso. Daba la impresión que el tiempo estaba cambiando, y nos dió el tiempo justo para llegar a Luis y a mi a nuestra tienda del C1. Fue todo uno, llegar y comenzar una de las tormentas de nieve y viento mas duras que recuerdo a esa altitud. En el calor de nuestros sacos de dormir, solo pensábamos en nuestros amigos del GREIM. Nos habíamos cruzado con ellos en nuestro descenso hacia el C1, mientras intentaban llegar al C2. Entre el rugir del viento, poco a poco los oíamos llegar a la seguridad del C1, después de sufrir un descenso muy duro en medio de la tormenta. Una vez que los compañeros se encontraban bien, nuestra única preocupación sería si nuestra tienda en el C2, habría resistido el fuerte envite del viento. Al día siguiente descendimos al Base para esperar a nuestro intento definitivo.

El comentario a lo largo de los siguientes días fue la fuerte tormenta desatada entre el C1 y el C2. Nuestra única preocupación en ese momento era dónde, y cómo, estaría lo que allí habíamos dejado.

Llevábamos una semana en el Cho-Oyu y ya teníamos (si no se lo había llevado el viento) todo listo y en su sitio para intentar la cumbre.

Tres días en el CB y ya estábamos subiendo de nuevo la pedrera que nos llevaba al C1, Luis y yo habíamos decidido salir el día 3 de Mayo a última hora, para estar menos tiempo en un campo de altura, en los cuales se pasan muchas horas sin hacer nada, es pesado y aburrido.

El día 4, salimos con la incertidumbre de que sería lo que nos íbamos a encontrar en el C2, si es que nos encontrá bamos algo. Y así llegamos donde quedaban los restos de nuestra tienda, bueno tampoco era para tanto, la tormenta solamente había roto una varilla con sus correspondientes desgarros, (la experiencia te hace fijar al hielo las tiendas de altura con todo lo que tienes a tu alcance, piolet, estacas, bastones, etc.).

La tarde-noche del 4, pues eso, víspera de intento de cumbre en un “ochomil”, todo lo que se pueda contar es poco, comparado con la realidad, incertidumbre, frío, no se bebe ni la mitad de lo que se debería de beber, etc., lo único que quieres es que pase el tiempo lo antes posible y comenzar a andar para darle forma a todo lo que llevas pensando desde hace tanto tiempo.

Y así a las 0:35 del 5 de Mayo salimos de nuestra pequeña tienda a 7.000m, en una noche muy fría, para comenzar lo que sería la ascensión de mi tercer “ochomil”. Todo fue como estaba previsto. La noche era muy fría, nos encontrábamos bien, y cuando comenzaba a amanecer, habíamos llegado muy alto, lo que nos animó a hacer una parada.

Esperábamos que el sol calmara el fuerte viento y consiguiera calentarnos un poquito. Ni el viento amainó, ni el sol nos calentó. Lo único que conseguimos fue quedarnos más fríos de lo que estábamos, por lo que continuamos la ascensión, sin mas preocupación que llegar a la cumbre cuanto antes.

Cuando llegué a la planicie que forma la parte alta de esta montaña, dejé de ver a mis compañeros de ascensión, que continuaban detrás de mí, sin yo saber lo que estaba pasando por sus cabezas en esos momentos. El copete que forma la cumbre del Cho-Oyu, parece que no, pero continúa subiendo. Después de no recuerdo muy bien cuanto tiempo, llegué al punto más alto, donde estaban las dos únicas personas que teníamos delante de nosotros ese día, eran las 9:30 del 5 de mayo.

Una ascensión muy bonita, rápida (9h 30´, incluida una parada de 1h, para 1.200m de desnivel a esa altura).

Las pertinentes fotos, y como si la montaña nos diera esa oportunidad, una ventana entre las nubes, que el persistente viento no paraba de traer, me permitió ver un instante las montañas del Everest y Lhotse.

El fuerte viento y esas nubes repentinas me hicieron tomar la decisión de no esperar a mis compañeros, quería salir cuanto antes de esa planicie que se puede convertir en un laberinto si pierdes la visibilidad.

Estaba feliz, pero algo no cuadraba, estaba bajando demasiado y ya tenía que haberme cruzado con mi compañero. Un argentino me da la noticia, el intenso frío ha hecho mella en las manos de Luis. Quizás el recuerdo del 97 ó el verse rezagado de mí, le hizo desistir a mas de 8.000m.

Las decisiones que se toman a esa altura hay que respetarlas, por que puede ser que si no las tomas, cuando quieres hacerlo es demasiado tarde.

Durante el descenso me cruzo con “Legi” al cual le doy ánimos para que tenga suerte en su ascenso.

Ese mismo día llego al C2, donde me encuentro con Luis. Nos da tiempo a comentar lo que ha pasado, desmontar el campamento y bajar al C1.

El día 6 CB, celebraciones y desilusión. Hace 15 días que llegamos al CB y hemos hecho cumbre, un tiempo muy rápido para un “ochomil”, pero nuestra ilusión es ir a otro. Los chinos no entienden que tenemos los días contados y el planteamiento que nos ofrecen para ir al Shisha es totalmente imposible para nosotros. Desistimos de nuestro objetivo, maldecimos la burocracia china, y nos conformamos con disfrutar lo que hemos conseguido...

Anagrama Cho Oyu 2002.

Yak.

Campo Base

Campo Base.

Campo Base

Campo Base.

Campo 1

Campo 1.

Campo 2

Campo 2.

Ascensión

Ascensión

Fotos de la ascensión.

Foto de Cumbre

Foto de Cumbre.

Cho Oyu

Cartel Expedición.

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